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Tengo 44 años, soy mujer, soy madre. Vendí mi casa, vendí todas mis cosas, y salí a cumplir un sueño que me latía en el corazón desde hace largos años. Hoy, hace un mes que solté amarras y empecé mi viaje.

Apenas mi cuerpo y mi mente están cayendo en la cuenta de que no se trata de vacaciones, que este no es un viaje más, que no volveremos a casa en unos días, que no habrá una rutina que retomar. Porque no hay donde volver. Este viaje es mi nueva casa, el camino es mi único territorio. Ya nada es mío, ya nada es personal.  De a poco comienzo a comprender que esta forma nómada, es mi nueva 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘳. 

Como se imaginarán, este presente es el resultado de todo un proceso previo, es la meta a la que he llegado luego de un largo camino, … planificarlo todo, prepararme durante años, sobrevivir a que una pandemia tire por los aires mi preciosa maqueta, sobrevivir a que las catástrofes económicas de mi país derrumben una y otra vez mis castillos de arena. Miro para atrás y veo que este día tiene una raíz profunda. Que he tenido tantas razones para dejarlo, que de hecho intente dejarlo muchas veces, con resignación, pensando que quizás no era para mi, que ya soy grande para estas cosas… pero aquí estoy, escribiendo frente al mar, en un atardecer dorado del litoral de Brasil. 

No hay suerte en esto, no hay buena fortuna o alguna ventaja extra, lo que soy hoy es 𝘦𝘭 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘥𝘰 de decir 𝐒í a lo que deseo con todo mi ser, sin esperar aprobación, sin pedir permiso. Soy la que paga el costo, que claramente no es solo económico; soy la que asume el riesgo, la que acepta las consecuencias, como toda persona adulta.  Por eso escribo este post hoy, para contarles que detrás de este sueño concretado, como de todos los sueños, hay mucho empeño, dedicación y voluntad, y mucho mucho corazón. En este articulo cuento un poco mas de mi historia viajera. https://www.facebook.com/psicologastellaacosta/posts/2922422678042440/

¿Cuál es tu sueño mayor? cuánto estás dispuesto a comprometerte con ese sueño? por que si no estás disponible para darle un 100 x 100, quizás más que un deseo del alma sea un objetivo momentáneo, un deseo del ego, algún antojo pasajero…

Amigos, cuando se trata de los 𝐚𝐧𝐡𝐞𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚, son ellos los que no nos dejan en paz. Nos persiguen, insisten, son ese faro intermitente que no cesa. Son como la vocación o el don, algo que viene con nosotros, y nuestra única decisión, en ese caso, es responder: sí o no. Toda nuestra elección se resume a si nos pondremos al servicio de ese palpitar profundo que nos atraviesa, o si nos distraeremos, persiguiendo el viento. 

Es verdad que hay cosas que no dependen de nosotros, es verdad que hay cosas que son -de la vida-, sobre las cuales nuestra voluntad no tiene la más mínima incidencia… pero hay un margen de acciones que sí dependen de nosotros. Lo que sucede es que como no queremos pagar el costo, hacemos responsables a los otros, al mundo, a las circunstancias… mi mensaje es que te digas la verdad, si no lo quieres esta perfecto, no quieres y punto. Pero por favor, no te mientas diciendo no se puede. 

¿Por qué sobre este mundo estás dispuesto a quemar las naves?, ¿Qué sería eso por lo que estás dispuesto a correr todos los riesgos?, y no se trata de ser imprudentes o de llevarse al resto puesto, o que nos cueste la salud, se trata de definir un propósito desde la conciencia, digno de una vida con cierta audacia, mucha perseverancia y unas tremendas ganas.  

Les confieso que mi plan de viaje a principios del 2020 era totalmente otro, y si me hubiera empecinado en que fuera como yo quería, o me hubiera quedado protestando, aún estaría en mi departamento de Patricias. Me las arregle como pude con mis caprichos y mis arrogancias, agache la cabeza y arme la valija.  Porque además,  la primera cosa que se aprende en cualquier viaje es la humildad. Suavizar la mirada y pedir permiso, porque uno es el extranjero.

Y así ando, aprendiendo y experimentando, escribiendo un libro, atendiendo pacientes online, y preparando nuevos talleres para este 2021. Viviendo mi sueño, caminando mi viaje.  No, no es como lo soñé. Tiré muchas veces el boceto a la basura. El plan cambió mil veces, pero la meta seguía ahí en el horizonte, clara, precisa.  Entre las muchas cosas que voy aprendiendo, algo es que este viaje no se trata solo de mi,  me quedó muy claro ese aforismo que dice: ”¿Quieres hacer reír a Dios? cuéntale tus planes”, porque así fue tal cual!! uno tras otro, hasta que solo me propuse dejar de entrometerme, y simplemente dejar que pase, a través de mi, a costa de mi, a pesar de mi. 

De algún modo, me convertí en el vehículo, y lo cuento porque no es solo mía esta experiencia. Es de toda la gente que tiene un latido de viento en las venas, y decide un día, ajustar las velas en esa dirección.  

Se ha hecho de noche en la playa, y una mujer debe seguir su camino. 

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