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Hay un mundo que perdimos … cuando elegimos callarnos, cuando desestimamos nuestra voz, cuando teníamos más información en el mismo lugar que nos dice la boca abierta del alma, esa es la garganta clara que llevamos dentro, y que se conoce también como intuición, como sexto sentido, como la voz de nuestro ser superior, como tantas otras formas fantasmas de nombrar lo que no tiene razones, ni argumentos, ni siquiera un nombre decente.
Volveremos a esos mundos, dependiendo de qué hay que hacer.
Son en verdad mundos enteros, con sus flores y sus faunas, con sus especies y especímenes, con sus mitos y sus historias, con sus océanos y vastedades, enteramente mundos de la vida creativa, de la imaginación, de la risa, mundos completos que hemos vivido, extinguido o quemado, bajo el fuego de los dragones externos que arrastran con su ácida voz, “es que así no es que queremos” es que así son no son parte de nosotros, es así que no son pertenencias, es que así son no son merecedora de nuestro amor, es que si te sientes fuera de lugar, … ”y tantas otras condiciones locales, capaces de expresar el alma y desanimar el vuelo.
Y renuncias, casi voluntariamente, a esos aspectos de nuestra vida, porque a los ojos, a los contextos, a los pagos, a los demás, a los idiomas, a los que se puede hablar, a todo el mundo, porque nos volvemos, por un momento, incomprensibles para nosotros mismos, Porque la sombra del destierro, del desamor, del desamparo, de la muerte social, de la vergüenza.
Conscientes e inconscientes en los exploradores, los buscadores, los medios de transformar lo que existe, los que imaginan y crean, los que ejecutan ideas, los que apagan el mundo y un día lo encienden con un código nuevo, borramos a los irreverentes ya los Desafía en la plena época de la libertad de los pueblos y las ideas, sigue estando prohibido ser uno mismo. 
Y así, en un mundo donde hay tanto que aparentemente está permitido, eso mismo se goza de la prohibición de la mueca y el desagrado, tan desangrante como una guillotina en el centro del castillo medieval.

Recobrarte, volverte a traer de los infiernos, resucitar tus sueños de antaño, re nacerte y re parirte y re patriarte a tu propio territorio, es un trabajo arduo, pero Es Que El Alma No Vive Para Otra Cosa.

Veo cada día, caer mundos por el acantilado de los sueños frustrados, quebrados frente a la soledad y el dedo acusador. 
Lo que veo también, con enorme admiración y alegría, en el consultorio y en los talleres que doy hace años, es como a veces, 
un adulto vuelve a visitarse la infancia, y se encuentra con esos tesoros perdidos, con esos trajes de la inocencia y de la libertad, donde cabían todos los mundos, todos los nombres, todos los sentires, y recoge en sus brazos las risas resonantes, los gritos de piedra libre, las zancadas largas de sus piernas ágiles, y vuelve a su mundo de gente grande con la mirada tapada de juguetes, de ganas de jugarse la vida, vuelve con el impuso asesino de matar a todas sus excusas, y decidirse por fin a ser el marinero que navega sin rumbo, hasta la siguiente estrella. Vuelve con todos sus amiguitos, con esa desaforada pasión por jugar sin descanso, a merendarse a borbotones y con la boca manchada de chocolate, esas voces caducas y rancias que gritan “que de esa manera no se hace”, “que se quedaran solos”, “que nadie va a quererlos”, “que serán los últimos si lo hacen”…no los escuchan, salen corriendo, a vivir, lo que dure la tarde.

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