Les propongo reflexionar sobre este tema desde la perspectiva de las Constelaciones Familiares. Se trata aquí de una mirada distinta de “El dar y el recibir”, con el que crecimos muchos de nosotros. El dar y tomar propone una forma mucho más activa, de parte de quien renuncia al solo hecho de esperar, y se encamina hacia aquello que quiere, hacia aquello que necesita.
Tomar y recibir son posiciones subjetivas muy diferentes. Quien recibe se queda esperando lo que el otro pueda o quiera darle. Quien se decide a tomar, sale en su búsqueda, acciona, se procura para sí misma.
Sí, hay que saber recibir, armoniosa y amorosamente, con humildad, y también hay que saber tomar. De hecho, hay más de lo que soy capaz de tomar, en el generoso árbol de la vida. Solo me queda decidir qué de todo lo que existe, yo voy a elegir. Y ya sabemos que si algo elijo, algo resigno. Así es la vida.

El que sólo se queda en la postura de recibir, corre el riesgo de estancarse en la vida; esa recurrente obstinación de pedirle peras al olmo… Cuántas personas conocemos que se han pasado la vida esperando que el otro cambie, que las circunstancias sean distintas, que aparezca esa oportunidad? muchas, tristemente, muchas.
Si sólo espero, puede que me resulte muy tentador quedarme, demasiado tiempo, en posición de víctima, reclamando al otro, y haciéndole sentir culpable por todo aquello que no me ha dado.

Atender y cuidar con responsabilidad los vínculos, supone asumir, y aceptar, que “dar de más”, aquello de “darlo todo”, resulta nefasto para las relaciones humanas; casi tan nefasto como dar de menos, como la mezquindad y el egoísmo.
La excesiva generosidad, a veces, esconde una profunda necesidad de amor, y de control. Si estoy dando demasiado, quizás sea momento de atender a mis propias carencias, darles su lugar, atenderlas como a niños pequeños, hambrientos y agotados, y dejar de esperar que el otro, o los otros, calmen mi hambre atrasada.
Mis padres ya no pueden resolverlo, porque ya he crecido, mis parejas no pueden resolverlo porque ellos son solo mis compañeros/as de camino, mis amigos, mi profesión, mi terapeuta…ellos no pueden cubrir todos mis huecos. Nadie puede.

Hay una idea muy arraigada, que supone que si yo doy más van a amarme más, y no es así. Por más que dé, y dé de más, el otro no necesariamente va a devolverme amor. 

El mundo, el sol y la luna no serán suficientes, si no estoy dispuesta a tomar.

Quizás, sea momento de dejar de esperar y empezar a tomar, momento de dar solamente cuando hay un justo equilibrio, un ida y vuelta nutritivo, y empezar a caminar hacia la dulzura de la vida, que siempre tiene las manos llenas.

Stella Acosta

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