La gran expedición es hacia uno mismo…

De ningún modo iremos solos, de ningún modo el viaje será cómodo, pero la aventura y lo que el camino ofrece, merecen todos los intentos. Este es un viaje al que llegamos por las buenas, o por las malas sino, pero que termina siendo inevitable.

Porque hay que ser muy necios para no acabar un día preguntándonos, ¿qué hago aquí? ¿qué me trajo hasta este lugar de mi vida?, ¿qué decisiones vengo tomando?, que he venido haciendo, pensando, que las rutas de mi destino me arrastraron hasta este sitio. Cómo fue que acabé en una relación que detesto, o viviendo en un lugar que no elijo?, Cómo llegue a este desastre financiero o cómo es que vivo en un caos de problemas y de rencores mal dispuestos?.

Y es justo ahí cuando inicia la expedición, ese largo viaje al corazón de mi vida, a las catacumbas, a los abismos de mi incertidumbre y de mi miedo, para buscarme detrás de los espejos y sujetarme con los ojos firmes, y preguntarme por fin: ¿que hemos hecho?, y dejo de correr detrás del mundo reclamando ¿Por qué me pasa esto, Por qué a mí?

Ese viaje inicia un día, cuanto más temprano mejor para nosotros, mejor para el mundo, y si tenemos suerte y buenos vientos, no acaba mientras estemos respirando, porque habremos entendido, de una vez y para siempre, que somos parte de la ecuación, parte de lo que sucede, y que de esa parte nos cabe la responsabilidad, y nos cabe también su poder.

No se llega lejos en un principio, damos vueltas sobre nuestras propias preguntas, sobre nuestras pequeñas respuestas, somos precarios e ingenuos hasta en nuestra manera de buscar lo que brilla ante nuestros ojos, hasta que de tanto merodear en los páramos de nuestra mente, que surge lo más simple, y finalmente nos rendimos, a la comprensión catastrófica, de que no podremos solos. Sabemos que ya es el momento de ir hacia afuera a preguntar, entonces acude alguien, por error, por casualidad o por sabiduría, y nos hace el favor de darnos las preguntas correctas, las respuestas impensadas, los nuevos misterios, y nos empuja hacia la siguiente expedición.

Todo lo demás es la vida misma, la vida desde más allá de la inocencia, desde más allá del sentirme víctima de mis circunstancias, todo lo que sigue es experiencia, vivencia, vaivenes de un andar por el mundo.

El final del viaje consiste en mirar con ojos tibios, todo aquello que hemos aprendido, las grandes consignas que hemos abrazado, las verdades que nos guiaron y las sogas que nos salvaron de temerarias caídas, y verlas disolverse en el tiempo, porque entendemos también, que nunca dejamos de estar ateridos y ciegos, y que no es tan terrible esta condición del alma, que las verdades se extinguen, que las sogas arrumbadas ya no salvan a nadie, y que hemos dejado, secretamente, de creer en aquellas consignas.

Una y otra vez iniciaremos el viaje, volveremos al principio, volveremos a empezar… ¿por qué? si ya sabemos cómo acaba! Porque ser EXPEDICIONARIA es una condición del alma, no se elige, se la acepta o se la padece, eso es todo. Pero si la aceptas con esas ganas de darle velas al viento, si le dices SI con ese amor de niño a los arboles robustos, si te sientas en el asiento del conductor de una gran nave desconocida, te aseguro una expedición asombrosa, porque a los sitios a los que tu llegues, no habrá llegado nadie, nunca. Serás para siempre el primero, en cada remoto lugar de tu maravillosa vida, y quizás lo que encuentres, quizás aquello que aprendas o experimentes, sirva a otros, a dos o tres en este mundo, ya vale la pena, ya vale tu osadía.

Buen viaje, que te sean amables las noches y los días!

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